lunes, 6 de agosto de 2012

Cometas locas de atar


Me siento a tomar notas, bajo una sombrilla azul que parece parte de este cielo intenso. Lo primero que hago siempre al llegar a esta playa es buscar Tanger en el Sur, pero hoy no lo encuentro, ni veo el minarete de la mezquita nueva, lo busco y no lo veo, o no se quiere mostrar. Hoy solo es una raya evaporada sobre la bruma del Estrecho.

La chica morena, parece gitana, recorre esta ensenada interminable de lado a lado, cargada con una caja de poliestireno blanco, cogida en un abrazo a pesar de tener asas, llena de bebidas frías. No deja dormir la siesta con su canto repetido una y otra vez, como un arranque flamenco, intentando provocar la sed. Su canción me engancha de tanto repetirla, y no me puedo concentrar en la escritura al repetirla yo mentalmente.

Hoy nada parece suceder del todo, el minarete no se acaba de ver, la mujer no acaba de vender, el poniente no entra como se esperaba. Ella no parece preocupada, “ya venderé”, dice su cara.

-¿Qué miras de esa manera?
-Solo el horizonte.
-¿Y qué escribes en esa libreta?
-Todo lo que no puedo ver, y tú ¿qué vendes?
-Todo lo que no oyes de mi canción, esaborío.

Se aleja hacia el oeste, se hace más negra en la distancia, se me pierde entre el gentío de la orilla. Su canto deja de oírse ya, “amoha la rica cocacola a la cerveza al agua fresquitaaA, llevo fanta limón fanta narahaaA”.

El viento hoy es cálido, del noroeste, racheado, y va a más, algunas sombrillas empiezan a temblar y una incluso vuela, pero la gente duerme la siesta ahora, por la ausencia de la vendedora, y la sombrilla se pierde en el pinar.

No puedo escribir más, se me cierran los ojos, cuando un golpe de aire fresco me despierta, es el poniente que aparece por el oeste y trae de vuelta el canto del agua y a la mujer detrás, que me parecían perdidos para siempre. Y en este momento surge, doblando por la Sierra de la Plata, un majestuoso velero blanco, con las velas cazando el viento de través, inclinado sobre las olas enormes del Atlántico. Blanco sobre azul, nubes sobre cielo, más poniente fresco, vuelan todas las sombrillas, naranjas, azules a rayas, rojo chillón, en un despliegue de colores.

Aparecen más veleros para unirse a la fiesta, se descorre hacia el Este la calima, brilla la duna de amarillo intenso, y se distingue por fin la mezquita. Quema la arena, quema la madera de la pasarela, quema la mirada de tanta luz, Bolonia me quema y me atrapa a la vez, maldita Bolonia que me quita el sueño cuando no estoy allí.

A mi espalda las ruinas vibran de calor, la aldea se desvanece, pienso que aquí en Cádiz nada importa demasiado, aquí hasta lo importante acaba por sucumbir al viento y la luz. Hay cuerpos desnudos junto a las rocas, esbeltos y brillantes de crema solar, se exhiben con orgullo, sin nada que ocultar. Y al otro lado cuerpos exuberantes, blandos, masas de carne deforme, caen rodando por la duna y acaban tirados sin vergüenza alguna, adobados de arena y sal.

Y se acaba el día lentamente, las cometas silban locas de atar, los perros ladran sedientos junto a la orilla, los granitos de arena vuelan junto a mí corriendo hacia el Sur, agolpados en un caos de Fuerza 6. Cuando por fin un cuerpo conocido, negro abrazado a una caja blanca, cruza mi línea de horizonte, desplegando toda su presencia, desafiando el viento y calmando al mar.

- ¿Qué miras, el pesquero de la orilla?
- No, estoy absorto en el carguero de altamar.
- Pues a mí me fascinan los veleros que aparecen de repente, por Punta Camarinal.

Y siguió su camino por una playa vacía, sin mirar para atrás.

lunes, 30 de julio de 2012

EL LUGAR DONDE TODOS LOS AZULES


Una ciudad que flota en el océano
Un océano de gente en sus calles
Unas calles que se abren a la claridad
Una claridad que se convierte en todos los azules
Todos los azules inventados
Todos los azules soñados
Todos los azules por crear

Y por imaginar,
Mientras escuchas las fuentes calladas
Perdida en tu laberinto de luz,
De los niños las miradas, de las mujeres el mirar
Marejada del vayven del mar, 
Desbordada de azul.
Plazas en sombra azulada
Olor a café y a sal
Tiendas de todo y de nada
Torbellino de pisadas, sin final.
No hay nada definitivo aquí
Que se acabe del todo,
Todo parece sin terminar,
Sin embargo todo es azul, y las calles mueren en el Mar
Sin querer morir, sin acabar.

Ciudad de azul
Plazas al Mar
Caras de gente
Caleta sin Sur,
Señoras sin edad
Velas al viento
Azul de horizonte
Azul te siento.

Colores tumbados al sol
Salitre para abrazar
Marejada a las dos
Azul, ciudad, soñar.

Veleros por la Calle Ancha
Oleaje de azules por San Agustín
Y en la Casa de las Cuatro Torres
Una marea alta, azul, sin fin.

Corrientes por levante
Brisa fresca pintada, de azul
Playa abierta, ciudad flotante
Niñas guapas, de cara azul, Cádiz, tú.

lunes, 16 de julio de 2012

Ave estival


Bajan a velocidad de vértigo, aparecen sobre mediados de junio, con el calor. Por ese valle de naranjales y ríos ya cansados, como serpientes sin alas, con trazas de azul metal. Silbando como flechas desafiantes, llegan puntuales a una estación de tiendas y cristal.

En verano, siempre en verano, es cuando se presentan esos trenes procedentes de una gran ciudad que arde en la meseta, y llegan cargados de preguntas que viajan en primera, y de almas derrotadas en los vagones de turista, con tarifas de oferta.

Y desembarcan en los 35 grados, divididos ya en dos seres gemelos, que conviven a la fuerza en un cuerpo sudado que se limita a arrastrar enormes maletas con ruedas, trac, trac, trac, por andenes y rampas con aire acondicionado, hasta llegar al taxi de mirada fatal, por las aceras derretidas de la existencia.

Almas vaporosas y húmedas, ellas con pashminas de un naranja intenso hecho a mano en un Nepal lejano, ellos siempre detrás, al borde del andén, como sombras de pena de azul turquesa.

Esas almas que aparecen súbitamente cada junio, que se limitan a revolotear y ondear al viento como banderas cansadas, sin más posibilidad, sin peso alguno, sin edad. Sin mensajes ni pensamientos, sin apenas esencia, solo suspendidas en el aire del sur, tibio por momentos.

Y a pesar de todo sobrevivimos, tomando una gran inspiración profunda, rebatida por escritores de novela negra, una inhalación de aire marino y salado que nos entra con una pureza que quema. Y flotamos durante jornadas de sopor, convertidos en puros espejismos de un desierto metálico que no parece tener final. 

Pedaleamos suavemente y sin fuerza hasta llegar a ese extraño sitio, esa tarde lánguida de calor amarillo imaginario, ese sitio extraordinario con vistas a un océano plano y con movimientos de lana, donde los poros se abren para sudar ese aire retenido en la inspiración de la mañana.

Justo cuando levantamos los brazos queriendo estirar nuestra existencia, es cuando cae, precipitándose sin ruido, desapareciendo detrás de una montaña de vapor, el gran globo rojo exhausto y quemado. Ese es el gran momento de las almas, que ligeras y liberadas, se elevan leves, vuelan como sopladas, vienen y van según el viento reinante, y se reflejan ya sin pesar en una lámina de agua salada.

Y sin embargo, en ese momento imposible pero que siempre llega, cuando el cielo se cubre de diamantes y todo es perfecto, es cuando arriba el último ave de la noche, procedente de la ciudad, en silencio y puntual. Como una gran serpiente de metal, nueve vagones, uno por cada mes de ausencia, de invierno, de paciencia, más una cabeza afilada y letal. Llega cargado de preguntas, sin maletas, que viajan en business class.

jueves, 28 de junio de 2012

Poemas de Levante. 6


Me muestras tu interior oscuro
Solo a mí, porque te busco
Me escondes tu apariencia azul
Y no es por amor, es orgullo.
¿Qué presumes con ese traje ondulante?
¿Por qué me abrazas con susurros inaudibles?
Vienes de costas alejadas
Vestido de plata y gris,
Te presentas profundo y pacífico
Siempre en calma, con luz líquida.
Y yo te veo porque no te miro
Te busco tan temprano sin quererlo
Y te hallo suspendido
En el aire gris de Junio.

sábado, 23 de junio de 2012

Poemas de Levante. 5


No temo a las noches de poesía.

Ya no, ya no hay miedo
no en las noches negras
porque me enseñaron
a levantar la vista, al cielo
y contar estrellas, todas
un cielo de historias 
que nunca ocurrieron.

O quizá sí, y tú eras el protagonista
con esa voz quemada
de tabaco y lágrimas, sugeridas.
¿Y las almas en duelo?, dolidas
poetas iniciados de ojos abiertos, 
de admiración absortos e incrédulos.


¿Crímenes contra la humanidad?, mentira
¿cometidos por vecinos?, cualquiera
¿por ejércitos de ruindad?, al norte,
historias de nazis del día a día,
violencia de ida y vuelta.

No tengo miedo a la noche
si la ilumina un poeta.

viernes, 22 de junio de 2012

Poemas de Levante. 4


Sombras en danza 
sobre una luz blanca
que baila sobre la ola
y fluye de pensamientos,
de una luminosidad imposible
es la furia que me quiere
y me ciega de brillo
sobre una roca mojada.
Hoy eres fuerte y de colores rojos
y naranjas, que flotan en la distancia,
eres de cielo blanco y nubes pasadas,
como barcos antiguos 
oxidándose en dique seco
como velas rajadas que no cogen viento
pero que bella, flotando en la bruma
de la mañana.

jueves, 21 de junio de 2012

Poemas de Levante. 3



Hoy es un domingo radiante
aunque en el calendario diga "jueves"


Has entrado por la puerta de arriba,
te la dejé abierta
y has llegado en silencio, 
como siempre.


Con un leve bufido
te has sorprendido al verme
esperándote.
Y me has abrazado por la espalda
tibio y húmedo, 
lento y silbando.
Llegarás cada mañana, 
y cuando no lo hagas
iré a buscarte,
sobre las olas.


Hoy es jueves,
pero parece un domingo con viento.
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